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Artículo de la semana
Buenos Sacerdotes
Ese respetillo
Esta semana, como ya es
costumbre, se celebró el día del socorrista. Da gusto encontrar a
paramédicos, rescatistas, bomberos, miembros de protección civil,
operadores de ambulancias, expertos en atención de desastres y otras
especialidades, de muy diferentes instituciones, reunidos para convivir
y ser justamente reconocidos por su desempeño en tareas que exigen mucho
conocimiento, prudencia y valor, junto con una voluntad permanente de
servicio.
La experiencia demuestra que en nuestro tiempo es más difícil conseguir
voluntarios para estas labores que en épocas pasadas. La razón es muy
simple: El egoísmo, que en ocasiones tiene relación con la disminución
del número de hijos por familia; el trato bonachón de los padres a sus
hijos, y la falta de exigencia en virtudes encaminadas a pensar en los
demás. Todos quieren recibir sin tener que dar. Esto queda de manifiesto
cuando, poco después de casarse se divorcian, pues el matrimonio es una
vocación de servicio y muchos no están preparados para ello.
Con las vocaciones sacerdotales sucede otro tanto. No es que el
matrimonio o el sacerdocio estén en crisis…; es el ser humano el que
está en crisis. El matrimonio y el sacerdocio exigen las mismas
virtudes.
Si se trata de convencer a los jóvenes para que aspiren al sacerdocio
ofreciéndoles un tipo de vida segura y bien remunerada, como estudios en
seminarios que tengan buenas instalaciones académicas y deportivas y
cuartos individuales, sería tratar de engañarlos, y tarde o temprano
terminarían abandonando la llamada de Dios.
A todos nos conviene que haya buenos sacerdotes, por lo cual copio esta
oración.
Oración por los sacerdotes
Oh Dios eterno y omnipotente, mira al rostro de tu Cristo, y por amor a
Él, que es el Sumo y Eterno Sacerdote, ten piedad de tus sacerdotes.
Recuerda, Dios misericordioso, que no son sino unos seres humanos
débiles y frágiles. Renueva en ellos la gracia que han recibido por la
imposición de las manos del obispo. Guárdalos cerca de Ti para que el
enemigo no prevalezca contra ellos; a fin de que nunca hagan nada que
desdiga en punto alguno de su sublime vocación.
Oh Jesús, a Ti ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos; por tus
sacerdotes infieles y tibios; por tus sacerdotes que laboran en casa o
fuera, en campos de misión; por tus sacerdotes jóvenes y mayores; por
tus sacerdotes moribundos; por las almas de tus sacerdotes en el
purgatorio.
Pero sobre todo te encomiendo a los sacerdotes que me son más queridos:
Al sacerdote que me bautizó; a los sacerdotes que me absolvieron de mis
pecados; a los sacerdotes a cuyas Misas asistí, que me dieron Tu Cuerpo
y Tu Sangre en la Sagrada Comunión ; a los sacerdotes que me enseñaron y
me instruyeron o me animaron y me ayudaron; a los sacerdotes a quienes
debo algo en cualquier otro modo. Especialmente...
Oh Jesús, guárdalos a todos cerca de Tu Corazón y bendícelos
copiosamente, así en el tiempo como en la eternidad. Amén.
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