Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Los cristianos en la sociedad

Hoy —todavía— hay quienes contraponen la misión de la Iglesia con el Estado, por ello traigo a esta columna el mensaje del Papa Pablo VI al pueblo mexicano del 18 de octubre de 1970 hablando de la Virgen de Guadalupe. Copio textualmente algunos párrafos de su texto:
Pero además, y precisamente porque amaba tan entrañablemente a Cristo, nuestra Madre cumplió cabalmente ese segundo mandamiento que debe ser la norma de todas las relaciones humanas: El amor al prójimo.


Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable y justamente remunerado; no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones, y mientras una parte de la humanidad siga estando marginada a las ventajas de la civilización y del progreso. Por ese motivo, en esta fiesta tan señalada los exhortamos de corazón a dar a su vida cristiana un marcado sentido social —como pide el Concilio Vaticano II— que los haga estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos para el progreso y en todas las iniciativas para mejorar la situación de los que sufren necesidad. Ver en cada hombre un hermano, y en cada hermano, a Cristo, de manera que el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en un mismo amor, vivo y operante, que es lo único que puede redimir las miserias del mundo.


El que tiene mucho que sea consciente de su obligación de servir y de contribuir con generosidad para el bien de todos. El que tiene poco o no tiene nada que, mediante la ayuda de una sociedad justa, se esfuerce en superarse y en elevarse a sí mismo y aun en cooperar al progreso de los que sufren su misma situación. Y, todos, sientan el deber de unirse fraternalmente para ayudar a forjar ese mundo nuevo que anhela la humanidad.
Sobre ustedes, muy queridos hijos, imploramos confiado en la maternal benevolencia de la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, para que siga protegiendo a su nación y la dirija e impulse cada vez más por los caminos del progreso, del amor fraterno y de la pacífica convivencia.


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