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Artículo
de la semana
Querido 2008
Ese respetillo
Ya lo ves, sin darme cuenta te acabaste. Te pareces a los ladrones que
no se despiden, y siempre se llevan algo nuestro. Apenas me estaba
encariñando contigo y te vas. Debería haber años más largos que nos
permitan hacer todas esas cosas que uno quisiera. Además, con estos días
tan cortos no alcanza para nada. Si se supone que necesitamos dormir la
tercera parte de cada día y se requieren horas para comer y
trasladarnos, ¿cuándo vamos a terminar con todos los pendientes que
tenemos? Bueno, aquí me refiero a los que trabajamos, pues siempre hay
flojos que en lo único que piensan es en descansar de no hacer nada y
divertirse, como si esta vida fuera para perder el tiempo.
¿Sabes? Me da gusto haber vivido en ti. Cuando yo era pequeño recuerdo
que pensaba que difícilmente llegaría al año 2000 pues para entonces
tendría ¡50 años! y me parecía que a esa edad sería demasiado viejo. Soy
uno de tantos privilegiados que han superado la mitad de un siglo y, si
Dios no dispone otra cosa, todavía andaremos pisando esta tierra un buen
rato más. Ojalá sepa usar el tiempo de vida que me quede para luchar
contra mis defectos y hacer lo necesario para ganarme un lugar en el
Cielo; pues si no lo consigo mi vida sería más inútil que la de Pito
Pérez.
Pero déjame decirte que lo largo de tu marcha he contemplado mucha
violencia cerca de mí: En mi país; en mi ciudad y en tantos lugares que
he visitado. No lo entiendo. Hemos fomentado el odio con nuestra apatía,
pero especialmente por habernos olvidado de Dios, que es Amor. Ya no nos
vemos como hermanos. Somos esos desconocidos que viven en la casa de
junto. La religión se ve con enfado y el civismo como un cuento chino.
Criticamos demasiado dentro de las horas de convivencia familiar y
siempre culpamos a otros de lo que nosotros no hemos sabido construir.
Pero, afortunadamente en todas partes podemos encontrar a muchos
quienes, sin sentirse héroes, todos los días se esfuerzan en lo que
deben hacer y siguen trabajando por un mundo mejor. Pero cabe señalar
que la humanidad no se divide en buenos y malos, sino en personas que a
veces nos portamos bien y a veces mal. No dudo que hasta los peores
delincuentes hagan cosas buenas en beneficio de otros.
Cada fin de año podemos hacer examen de conciencia para revisar nuestras
cuentas personales. Aquí cabe una pregunta no poco importante: ¿He
conseguido ser más feliz a base de luchar por hacer felices a las
personas que tengo junto a mí, en mi familia y en mi trabajo?
De todas formas, querido 2008, muchas gracias por que tú supiste darte
de principio a fin. Ojalá los humanos sepamos seguir tu ejemplo y
aprendamos a dar nuestro tiempo a los demás hasta el último minuto.
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