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Artículo de la semana
Ya cásate chulis
No cabe duda que
vivir con “algunas personas” resulta un auténtico martirio. Me refiero a
quienes se les podría apodar “los electrones”, o sea las partículas del
átomo de carga negativa. Con frecuencia son individuos frustrados que
vierten sus penas en los demás culpándolos de todo lo malo que sucede en
el mundo y sus alrededores. Convivir con ellos produce la sensación
parecida a la de caminar por un campo minado en continua angustia.
Sujetos a los que para pedirles un favor habría que preguntarles:
¿Consideras que estás psicológicamente preparado, y me consideras digno,
como para conseguirme una Coca-Cola?
Dichas personas son incapaces de reconocer sus errores. Los demás están
equivocados y todo el mundo está en su contra en un bien armado complot
judeo-masónico-comunista-conyugal. Y lo peor de todo es que viven
sintiendo una permanente lástima de sí mismos. Son las víctimas del
olvido y la mala voluntad de quienes los rodean. “Nada te gusta, todo te
molesta… Ya cásate chulis”.
Se sienten rechazados, incomprendidos, no valorados… Ellos, que podrían
cambiar al mundo con sus grandiosas ideas…, pero nadie les hace caso.
Sin embargo, este curioso fenómeno de los insoportables a veces lo
encontramos en quienes objetivamente son, a rasgos generales, “buenas
personas”. Sí, muchos de ellos son trabajadores, fieles a sus esposas,
preocupados por sus hijos, cumplidores, pero… con un carácter de los mil
demonios. Esto no significa que se les hayan de soportar todos sus
desplantes y exigencias, simplemente nos ha de llevar a no
estigmatizarlos catalogándolos en el grupo de los canallas. Son personas
que practican el amor “full-contact” como consecuencia de sus tensiones
internas y, por lo mismo, esclavos de sus emociones.
¿Qué hacer ante estos casos? Yo no lo sé. ¿Para qué voy a presumir de
Genio de la Lámpara de Aladino? Si alguien lo sabe, por favor escríbame
y les prometo que lo publicaré en todos los medios que me sea posible, y
quizás hasta me haga millonario con la receta.
Aunque, por otra parte, el sentido común me dicta que con un trastocado
en la casa basta y sobra. Es decir, es mejor tener un solo
desequilibrado, que dos o más. Por ello a veces lo conveniente será
mantener una sana distancia para no empeorar las cosas, y aprovechar
todas las oportunidades que se presenten para tener detalles de atención
y cariño con ellos.
En algunos casos se necesitará, incluso, la ayuda de algún psicólogo o
psiquiatra, pero esto no es fácil, pues es casi imposible que estas
personas acepten ayuda de este tipo. Ahora bien, rezar siempre es bueno,
pues lo que los hombres no podemos, Dios sí lo puede.
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