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Artículo de la semana
Las víctimas olvidadas
Si todo uso de la violencia debe ser reprochado por la sociedad, mucho
más cuando ésta se dirige a personas inocentes, es decir, a quienes se
encuentran al margen de cualquier actividad delictiva.
La violencia ha estado presente a lo largo de la historia de la
humanidad y desafortunadamente tenemos motivos para pensar que lo
seguirá en el futuro. Sin embargo, éste no es motivo para consolarnos,
ni mucho menos para justificarla. Que importante es que no lleguemos a
acostumbrarnos a ella viéndola como algo “normal”.
Entre las innumerables víctimas inocentes de la delincuencia está
Genoveva Rogers Lozoya, socorrista y radio operadora de la Cruz Roja de
la Delegación de Culiacán. Joven estudiante que dedicaba parte de su
tiempo libre para servir a la sociedad dentro de una institución que se
ha dado a respetar y a querer en todo el mundo por su trabajo en pro de
los necesitados bajo los principios de neutralidad, imparcialidad,
unidad, humanismo, voluntariado, universalidad e independencia.
Genoveva no ha sido el único miembro de la Cruz Roja que pierde la vida
en cumplimiento de su labor, ni la única persona de esta benemérita
institución que ha sido amenazada por la delincuencia organizada, pues
son varios los casos de su personal que han sido amedrentados en nuestro
país por atender heridos.
Está claro que disparar un arma de fuego en estas circunstancias siempre
será un acto cobarde e injustificado.
Personalmente considero que los diversos niveles de gobierno en nuestro
país están obligados moralmente a reconocer a Genoveva como una heroína
de la paz dentro del momento histórico que estamos viviendo.
Considero de elemental justicia que primeramente en Culiacán, como
también en otros muchos lugares se levanten monumentos para honrar la
memoria de alguien que murió haciendo el bien a la sociedad.
Mi propuesta tiene una doble justificación: La primera es darle honor a
quien honor merece. La segunda es brindar a la sociedad la oportunidad
de manifestar públicamente su repudio a la ola de violencia que tanto
daño nos está haciendo por parte de los enemigos de México. Más aún, que
no sólo se nombre a una calle perdida de alguna de las nuevas colonias
periféricas, pues esto equivaldría a soslayar la importancia de la
violencia en nuestro querido país.
Estoy absolutamente convencido de que si pudieran hablar, ni Cuauhtémoc,
ni Hidalgo, ni Morelos, ni todos los insurgentes se sentirían ofendidos
si le cambiaran el nombre a alguna de las principales avenidas para
honrar a esta jovencita que trabajaba pacíficamente por un México mejor.
Además sería un símbolo para recordar a todas las víctimas inocentes que
pasan al olvido.
Por otra parte, estoy convencido de que Genoveva habrá recibido su justo
premio en la bienaventuranza eterna por haber ejercido las obras de
misericordia.
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