Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Droga en mi casa
 

Poco a poco, como nos sucede en muy diversos asuntos, nos hemos ido acostumbrando a las noticias que se refieren a la captura de narcotraficantes, y la incautación de grandes cantidades de drogas. Indiscutiblemente, tienen razón quienes se preguntan acerca del por qué buscar tanto a las cabezas del narcotráfico en los países de Latinoamérica, cuando parece faltar ese interés, haciendo lo mismo, con quienes controlan el negocio en los principales países consumidores.

Es imposible saber —incluso viendo los datos de instituciones oficiales— cuál es la cantidad de narco-dependientes en los Estados Unidos. Hay quienes aseguran que superan los 27 millones, y sabemos que este problema crece en todo el mundo, corrompiendo sociedades sanas hasta hace pocos años.

Lógicamente las causas de estos problemas no son sólo los productores. Basado en la experiencia por todos conocida, de que los consumidores de estupefacientes proceden, casi en su totalidad, de familias con falta de estabilidad en todos los estratos socio-económicos. 

Son muchos los padres que están lejos de conocer la realidad donde viven sus hijos, y nos suena casi ridículo escuchar: “Yo les he dicho a mis hijos que si tienen algún problema, pueden contar conmigo", pues en la práctica suelen estar demasiado ocupados, y cansados como para tener tiempo y humor para la convivencia familiar.

Un error común es el de aquellos señores que dedican el poco tiempo en la atención a sus hijos, cuando quien más atención requiere es su esposa. 

Son muchos los hijos que más que sermones, necesitan atención, y si no la encuentran en sus casas, la buscarán afuera, pero también es cierto, que avergüenza mucho decir: “necesito cariño”, y esto, se combina con la rebeldía ante el ambiente familiar, y la necesidad de demostrar una falsa valentía haciendo cosas prohibidas dejándose arrastrar por el ambiente.

Como se ven las cosas, tardaremos muchos años en poder superar estos problemas con todas sus consecuencias, por lo que tendremos que pagar un altísimo precio social. Nos urge empezar buscando el remedio a nivel de cancha, comenzando por el diálogo entre  los esposos. 

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