Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Querido 2008

 

Ese respetillo

Ya lo ves, sin darme cuenta te acabaste. Te pareces a los ladrones que no se despiden, y siempre se llevan algo nuestro. Apenas me estaba encariñando contigo y te vas. Debería haber años más largos que nos permitan hacer todas esas cosas que uno quisiera. Además, con estos días tan cortos no alcanza para nada. Si se supone que necesitamos dormir la tercera parte de cada día y se requieren horas para comer y trasladarnos, ¿cuándo vamos a terminar con todos los pendientes que tenemos? Bueno, aquí me refiero a los que trabajamos, pues siempre hay flojos que en lo único que piensan es en descansar de no hacer nada y divertirse, como si esta vida fuera para perder el tiempo.

¿Sabes? Me da gusto haber vivido en ti. Cuando yo era pequeño recuerdo que pensaba que difícilmente llegaría al año 2000 pues para entonces tendría ¡50 años! y me parecía que a esa edad sería demasiado viejo. Soy uno de tantos privilegiados que han superado la mitad de un siglo y, si Dios no dispone otra cosa, todavía andaremos pisando esta tierra un buen rato más. Ojalá sepa usar el tiempo de vida que me quede para luchar contra mis defectos y hacer lo necesario para ganarme un lugar en el Cielo; pues si no lo consigo mi vida sería más inútil que la de Pito Pérez.

Pero déjame decirte que lo largo de tu marcha he contemplado mucha violencia cerca de mí: En mi país; en mi ciudad y en tantos lugares que he visitado. No lo entiendo. Hemos fomentado el odio con nuestra apatía, pero especialmente por habernos olvidado de Dios, que es Amor. Ya no nos vemos como hermanos. Somos esos desconocidos que viven en la casa de junto. La religión se ve con enfado y el civismo como un cuento chino. Criticamos demasiado dentro de las horas de convivencia familiar y siempre culpamos a otros de lo que nosotros no hemos sabido construir.

Pero, afortunadamente en todas partes podemos encontrar a muchos quienes, sin sentirse héroes, todos los días se esfuerzan en lo que deben hacer y siguen trabajando por un mundo mejor. Pero cabe señalar que la humanidad no se divide en buenos y malos, sino en personas que a veces nos portamos bien y a veces mal. No dudo que hasta los peores delincuentes hagan cosas buenas en beneficio de otros.

Cada fin de año podemos hacer examen de conciencia para revisar nuestras cuentas personales. Aquí cabe una pregunta no poco importante: ¿He conseguido ser más feliz a base de luchar por hacer felices a las personas que tengo junto a mí, en mi familia y en mi trabajo?

De todas formas, querido 2008, muchas gracias por que tú supiste darte de principio a fin. Ojalá los humanos sepamos seguir tu ejemplo y aprendamos a dar nuestro tiempo a los demás hasta el último minuto.