Artículo de la semana
Errores matrimoniales
Esta semana me encontré con un señor que me
dijo: Hoy en día las jóvenes piensan de forma muy distinta: Por ningún
motivo están dispuestas a someterse a la autoridad del esposo, y se
casan con la idea de que si no funcionan las cosas como ellas lo tenían
proyectado, simplemente se divorcian. Esta forma de pensar va más allá
de la mera reivindicación de los derechos de la mujer. Se ubica en el
deterioro del concepto del matrimonio.
No se trata de que las mujeres
acepten ser minusvaloradas o, peor aún, maltratadas. De ninguna manera.
Se trata de rescatar la realidad del matrimonio como una institución
donde, partiendo del respeto como principio elemental, se fortalezca la
ayuda mutua en un ambiente de comprensión y servicio amoroso, en la que
los cónyuges, todos los días, aporten lo que les corresponde para tender
a la armonía en beneficio de la familia entera.
En la teoría todo
esto suena a un hermoso cuento de hadas, pero en la práctica nos
encontramos a gente que no ha sido educada en el respeto, en el
servicio, y en la entrega a los demás, con lo cual estamos ante un
proyecto de construcción de un edificio sin planos, ni ladrillos, ni
cemento, ni varillas.
Cada vez que se concibe el matrimonio como el
medio para satisfacer las propias necesidades se comete un grave error.
La teoría y la experiencia nos demuestran que sólo quienes lo entienden
como una vocación de servicio están preparados para salir adelante, a
pesar de las inevitables dificultades que se presentarán con el correr
del tiempo.
Hay mujeres que sufren violencia porque no supieron
exigir el debido respeto desde el principio de su relación y, en otros
casos, por no saber controlar sus emociones y responder con groserías a
las impertinencias de quien no fue educado correctamente.
Nunca
faltan los acomplejados que se sienten inferiores a sus esposas al
descubrir las virtudes del orden, el buen humor, el don de gentes y
otras que a ellos les faltan y, por lo mismo, las agreden verbal y
psicológicamente. Sabemos que en la actualidad el motivo más frecuente
de desavenencias matrimoniales es el económico. Aquí me atrevo a
mencionar que cuando éste se mezcla con la falta de prudencia en el tono
de los reclamos, se produce una sustancia altamente explosiva.
Otro
error muy común es el de establecer una rivalidad con la pareja tratando
por todos los medios de demostrarle que está equivocada, o sea, “que el
que tiene la razón soy yo”. Cuando esto se trata con tono de reto,
esperando que un réferi declare vencedor a una parte, tendremos
necesariamente un perdedor, y cuando dentro de la familia hay un
perdedor toda la familia sale perdiendo. En definitiva: ¡Cochino
orgullo!
Si estos vicios se desarrollan en un ambiente de rutina,
podemos pronosticar que la nave se irá a pique tarde o temprano.
¿No
cree usted que todavía estamos a tiempo de remediar algunos de estos
errores?